Una joven convirtió los conciertos en un negocio de apariencias: vende fotos y “presencia” para que otros finjan haber estado ahí .
Le entregan sus redes… y ella publica, interactúa e incluso hace transmisiones en vivo como si fuera esa persona.
No es su recuerdo.
No es su momento.
Pero lo presumen como si lo fuera.
Y así, poco a poco, la realidad deja de importar…

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